“Dormir sobre un piso de tierra, sentir que el agua pasa por debajo de la única cama en la que duerme toda la familia… sentir cómo el frío se cuela por los agujeros de las paredes de cartón y por los orificios del techo…. El temor a que desplome el techo mientras se duerme….” Una sensación que pocos imaginamos y que más del 60% de nuestros hermanos colombianos sufren.
Entre la pobreza, la violencia y los desastres naturales, muchos hermanos colombianos han sido arrastrados a la miseria absoluta. En el 2010 el 46% de las personas viven en condiciones de pobreza y el 17.8% en la calle, población que sobrevive sin importar como y en qué condiciones.
Dotar de vivienda digna a esta gran cantidad de familias pobres, permite iniciar el camino hacia una mejor distribución del ingreso y por lo tanto, lograr una mayor justicia social, requisito básico para lograr la paz.
La vivienda constituye un factor determinante de desarrollo social y económico, en la medida que posibilita la disminución de la pobreza y la miseria, y es primordial para la reactivación de la economía y la generación de empleo. Cada día que pasa será mayor el costo de readaptación comunitaria de las personas necesitadas y mayor el problema que se genera por el aumento de la brecha social.



